El sistema judicial en el Islam

El poder judicial es un sistema administrativo indepen-diente en el gobierno islámico orientado a resolver todo tipo de disputas legales entre los litigantes. El sistema está estructurado para asegurar la justicia entre las personas, detener la opresión y castigar a los opresores. El sistema islámico sigue las directivas de Dios y el Pro-feta tomadas del Corán y las tradiciones del Profeta).

Existen criterios específicos para que un juez obtenga un puesto en el sistema judicial islámico. El aspirante debe ser maduro, cuerdo, mentalmente capaz, apto físicamen-te y sano para poder sobrellevar las dificultades y desafíos de su trabajo. Debe estar bien educado sobre los dictámenes islámicos y principios de lo lícito e ilícito en el Islam, como también estar bien al tanto de los asuntos mundanos para no ser engañado o manipulado. Debe tener la capacidad de emitir veredictos tanto en las esferas mundanas como religiosas. Debe ser honorable, digno, honesto y con un alto perfil moral. Debe tratarse de un hombre de conducta ejemplar de tal manera que sus juicios sean aceptados por las partes en disputa. Y por sobre todo debe carecer de ambiciones de poder, se-gún un relato del Profeta: “No otorguéis puestos de poder a quienes los reclaman”.

El Islam prescribe un código de conducta específico para los jueces. La siguiente carta enviada por el segundo Califa, Omar bin al-Jattab a uno de los jueces asignados, ofrece las pautas a seguir por todos los jueces musulmanes:

“Del segundo Califa, Omar bin al-Jattab, siervo de Dios, a Abdullah bin Qais, Assalamu Alaikum. El juicio entre personas en disputa es un acto preciso y obligatorio que debe ser seguido y ejecutado correctamente. Debe usted hacer lo posible por entender a las personas que tiene ante usted. Aún más, nadie se beneficiará de un derecho que no sea ejercido. Dé igual consideración y ubicaciones para sentarse a las personas en su corte de tal manera que una persona con mayor influencia no pueda aprovecharse de su condición. Además, una persona débil no perderá la esperanza en la justicia mientras esté en su corte. El demandante debe presentar pruebas y evidencias. El acusado debe tomar un juramente si rechazó y negó la acusación del demandante. Las personas en disputa pueden optar por realizar un acuerdo entre sí. Sin embargo, no se acepta ningún acuerdo si el mismo implica la conversión de un artículo ilícito en lícito, o viceversa. Si usted emite un veredicto un día, pero al revisarlo al día siguiente descubre que ha cometido un error y que la sentencia correcta no es la emitida, entonces reabra el caso y emita la sentencia correcta. Debe advertir que regresar a la sentencia y el juicio correctos es preferible a permanecer en la falsedad. Trate de entender los aspectos confusos que no tienen texto o escritura que los apoyen, tanto en el Corán como en las tradiciones del Profeta, y estudie los dictámenes, veredictos y sentencias similares, y luego de obtener el conocimiento apropiado, evalúe sus casos. Luego escoja el juicio más apreciado por Dios y el más cercano a la verdad según su opinión. Ofrézcale una oportunidad al demandante que sostiene un asunto que no está presente en este momento para que establezca una fecha límite para ofrecer las pruebas. Si dicho demandante ofrece pruebas o evidencias, adjudique el caso en su favor. De lo contrario, emita un veredicto en su contra. Todos los musulmanes son dignos de confianza en lo que respecta al testimonio excepto aquella persona que ha cometido un acto vergonzoso en la sociedad islámica, la persona que es conocida por dar falsos testimonios, o la persona que es pariente cercano o lejano del acusado. Dios se ocupa de todos los secretos ocultos de las personas y lo ayuda a usted a juzgar ofreciendo evidencias. Aún más, usted no debe preocuparse, ser intolerante ni quejarse de las personas en disputa en aquellos asuntos correctos en los que Dios lo recompensará por ser paciente y se com-placerá con los resultados. Si una persona tiene un alma pura y buena con Dios, Dios mejorará las relaciones de ese hombre con las personas”.
Tirmidhi, Hadiz n° 3472

Todo individuo que forme parte de la sociedad islámica, más allá de su fe o afiliación religiosa, posición o estatus social, posee ciertos derechos inmutables, entre ellos los siguientes:

Derecho a pedir justicia contra los opresores. Una perso-na puede enjuiciar a su opresor en una corte de justicia.

Derecho a tener una audiencia ante el juez. Esto se basa en las siguientes palabras del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

“Todo aquel que sea puesto a prueba al ser designado juez entre los musulmanes debe ser justo en sus pala-bras, gestos y asignando las audiencias”.
Este hadiz fue Registrado por Darqutni y Baihaqi

Otra prueba de este principio es el dicho del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) en el que instruye a ‘Ali al ser éste comisionado como juez:

“Ciertamente, Dios guiará tu corazón y acelerará tus pa-labras [hacia la verdad]. Cuando el demandante y el acusado se sienten ante ti, no emitas un veredicto por ninguno de ellos hasta tanto hayas oído la declaración del otro tal como oíste la del primero”.
Abu Dawud, Hadiz n° 3582

El derecho a ser considerado inocente a menos que se pruebe su culpabilidad. Dijo el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

“Si las personas fueran juzgadas según sus acusaciones, encontrarías personas que reclamarían la vida y la rique-za de otras. Sin embargo, el acusado debe ofrecer un juramento (de su inocencia)”.
Al-Bujari, Hadiz n° 1711 y Muslim, Hadiz n° 4277

En la versión de Baihaqi consta el siguiente final:

‘La evidencia debe ser ofrecida por el demandante mientras que el acusado debe ofrecer un juramento (de su inocencia ante la falta de pruebas del demandante)’.

El derecho a que la mera sospecha no prive al sospechoso del debido proceso legal y sus derechos específicos. Por ejemplo, un sospechoso no debe ser torturado de ninguna manera, ni tampoco ser sometido a violencia, crueldad o dificultades para obligarlo a confesar. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) prohibió esto, por analogía, al decir:

“Dios ha absuelto a mi nación de lo siguiente: el error, el olvido y de todo aquello que se les obligue hacer”.
Ibn Mayah, Hadiz n° 2053

El segundo califa, Omar bin al-Jattab dijo lo siguiente:

“Una persona no es responsable de su confesión si le has provocado dolor, la has asustado o encarcelado [para obte-ner la confesión]”.
Estas palabras fueron reportadas por Abu Yusuf en su libro al-Jaray

El derecho a que los culpables sean castigados sólo por lo que está dentro de su responsabilidad personal. Esto signi-fica que nadie puede ser responsable por las fallas de otros. La acusación, la sospecha y el castigo deben limitarse a la persona culpable y no extenderse a los miembros de su fa-milia. Dios, el Justo, dice en el Sagrado Corán:

[Quien obre rectamente, lo hará en beneficio propio, y quien obre el mal, lo hará en contra de sí mismo. Tu Señor no es injusto con Sus siervos ]
(41:46)

Dijo el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

“Nadie debe ser culpado por las malas acciones de su her-mano o padre”.