Preservar la propiedad privada y pública

La riqueza y la propiedad privada y pública son la base de la economía y la vida de los miembros de la sociedad. El Islam protege la riqueza personal e impone severas penalidades contra el robo, el hurto y todo tipo de violación contra la santidad de la propiedad. Los engaños, las estafas, el monopolio, la avaricia y tantas otras prácticas perjudiciales también están prohibidas. Esto se hace con la idea de asegurar protección a la riqueza y los bienes personales de los individuos.

Además del robo, el Islam ha prohibido todo tipo de trasgresión contra las posesiones personales, los bienes inmuebles y las tierras. Esto se basa en el siguiente ver-sículo del Sagrado Corán:

[No devoréis vuestros bienes injustamente unos a otros, ni sobornéis con ellos a los jueces para devorar ilegalmente la hacienda ajena a sabiendas]
(2:188)

Por lo tanto, el trasgresor estará sujeto a una enorme y tremenda sanción el Día del Juicio. Esto se basa en las palabras del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), que dicen:

“Todo aquel que tome injustamente dinero de la riqueza de otro sin el debido derecho, Dios se encontra-rá con esa persona y se pondrá furioso con él”.
Registrado por Ahmad, n° 3946
“Todo aquel que injustamente tome un palmo de tierra, Dios hará que el opresor sea rodeado con siete mundos (alrededor de su cuello) el Día del Juicio Final”.
Ibid, n° 9588

La ley islámica exige que el opresor deba regresar el monto que confiscó injustamente de las tierras o propie-dades de otros, o deberá pagar el valor de dicha propiedad confiscada injustamente. Aún más, el opresor en tal situación está sujeto a una pena de azotes deter-minada por el juez musulmán.

El Islam le da al propietario de la riqueza o propiedad el derecho a de-fender lo que es suyo, incluso permitiéndole matar al opresor si no desiste y continúa el ataque contra él y su propiedad. Si el propietario mata a su opresor, no recae en éste la pena de asesinato si demuestra que lo mató en defensa de su propiedad. Por otro lado, si el opresor mató al propietario que defiende lo que es suyo, éste se convierte en mártir y el atacante en asesino. Esto se basa en las siguientes palabras del Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):

“Todo aquel que pierda la vida defendiendo su riqueza es mártir”.
Registrado por Al-Bujari, n° 2348

Todos estos derechos y las penalidades destinadas a preservarlos se aplican indistintamente a musulmanes y no musulmanes bajo estado islámico.